En el marco de la presentación de los carnavales de la Sierra Otomí-Tepehua, se evidenció una contradicción que merece reflexión, mientras en días pasados se descalificó públicamente a los medios de comunicación, en esta ocasión fueron precisamente ellos quienes dieron voz y presencia al evento, convocados por los presidentes municipales de la región.
El episodio abre un debate necesario sobre el papel de la prensa en la vida pública. Los medios de comunicación no son un accesorio ni un recurso prescindible; son un componente esencial de la democracia, de la transparencia y de la construcción de ciudadanía. Su labor consiste en informar, cuestionar y dar visibilidad a los hechos que marcan la vida social, cultural y política de un estado.
Descalificar a los medios como mediocres no solo es un error de juicio, sino un gesto que erosiona la relación institucional con quienes cumplen la tarea de informar. La crítica puede ser válida cuando se fundamenta en hechos, pero el respeto debe ser invariable. Sin medios de comunicación, las instituciones carecen de un puente hacia la sociedad. Sin prensa, los proyectos culturales y turísticos pierden alcance y legitimidad.
El caso de los carnavales es ilustrativo, la convocatoria y la cobertura mediática fueron posibles gracias a la articulación con los municipios y al trabajo de los periodistas presentes. La fiesta cultural que se busca promover necesita difusión, y esa difusión depende de la prensa. Pretender prescindir de ella, o minimizar su importancia, es desconocer la realidad de la comunicación contemporánea.
La Secretaría de Turismo del Estado de Hidalgo, como cualquier institución pública, debe reconocer que los medios son aliados estratégicos, no adversarios. El respeto hacia ellos no es una concesión, sino una obligación democrática. La crítica constructiva puede convivir con el reconocimiento, pero nunca debe sustituirlo.
En tiempos donde la información circula con rapidez y la opinión pública se forma en cuestión de minutos, la relación entre instituciones y medios debe basarse en la confianza, la apertura y el respeto mutuo. Los carnavales, como expresión cultural, merecen difusión digna y responsable; los medios, como actores sociales, merecen reconocimiento y trato respetuoso.
La lección es clara, sin prensa no hay voz pública, y sin respeto no hay diálogo posible. Los medios de comunicación son parte de la vida democrática y cultural de Hidalgo, y su papel debe ser valorado como lo que es, indispensable.