La reciente implementación del llamado Pasaporte Turístico en el estado de Hidalgo ha generado más dudas que certezas entre la ciudadanía. El programa, concebido como un mecanismo de control vehicular y de promoción turística, ha carecido de una adecuada difusión en los estados directamente afectados. La falta de claridad en su comunicación ha provocado confusión, desinformación y, sobre todo, un sentimiento de inconformidad entre quienes circulan legalmente por las carreteras hidalguenses.
Uno de los puntos más sensibles es la percepción de que los automovilistas podrían ser sancionados por no portar este pasaporte. Sin embargo, la Constitución garantiza la libre circulación en todo el territorio nacional, especialmente para los ciudadanos mexicanos que cumplen con la normatividad vigente. Pretender imponer multas por la ausencia de un documento turístico resulta no solo improcedente, sino contrario al principio de movilidad libre que rige en la República.
Además, es necesario subrayar que incluso en la Ciudad de México, donde existe el programa Hoy No Circula, las restricciones se aplican únicamente en casos de contingencia ambiental y no de manera permanente durante los fines de semana. Hidalgo, por su parte, se encuentra lejos de enfrentar condiciones ambientales que justifiquen medidas de este tipo. La comparación evidencia que el Pasaporte Turístico carece de sustento técnico y ambiental, y más bien parece una medida administrativa sin conexión con la realidad local.
La ciudadanía hidalguense espera soluciones concretas a problemas palpables, mejores calles, carreteras seguras y transitables, infraestructura que permita un flujo vehicular eficiente y que impulse verdaderamente el turismo. Un pasaporte turístico, mal difundido y poco fundamentado, no responde a esas necesidades. Por el contrario, genera incertidumbre y desvía la atención de lo que realmente importa: garantizar condiciones dignas para circular y promover el desarrollo económico de la región.
En este contexto, resulta indispensable que las autoridades reconsideren la pertinencia del programa, fortalezcan su estrategia de comunicación y, sobre todo, escuchen a la ciudadanía. Hidalgo requiere políticas públicas que atiendan sus realidades y aspiraciones, no medidas improvisadas que limitan derechos y generan malestar social. El turismo se impulsa con infraestructura, seguridad y promoción cultural, no con documentos que obstaculizan la movilidad.