La reaparición del exgobernador Omar Fayad Meneses ha reavivado el debate público en Hidalgo, pues su nombre vuelve a colocarse en el centro de la discusión sobre la llamada “Estafa Siniestra”, un caso de presunto desvío millonario de recursos durante su administración. Aunque la Fiscalía Anticorrupción ha señalado que no existen pruebas directas que lo impliquen, la sombra de la corrupción sigue acompañando su legado político.
El exgobernador de Hidalgo, Omar Fayad Meneses, hoy embajador de México en Noruega, reapareció en la escena pública nacional en medio de cuestionamientos sobre el caso de corrupción conocido como la “Estafa Siniestra”. Este esquema, que habría operado durante su mandato, implicó el desvío de más de 800 millones de pesos hacia instituciones financieras en quiebra, lo que facilitó la triangulación de recursos públicos.
Aunque Fayad no ha sido señalado formalmente por la Fiscalía Anticorrupción, su regreso genera suspicacia. La narrativa oficial sostiene que los responsables directos fueron alcaldes y exfuncionarios estatales, varios de ellos ya detenidos. Sin embargo, la opinión pública insiste en que un desfalco de tal magnitud difícilmente pudo haberse ejecutado sin conocimiento de la cabeza del Ejecutivo estatal.
El Congreso de Hidalgo ha reiterado que las investigaciones llegarán hasta sus últimas consecuencias, con la promesa de esclarecer responsabilidades y recuperar lo perdido. Hasta ahora, el gobierno estatal ha logrado recuperar cerca de260 millones de pesos, apenas la mitad del monto desviado. Este avance, aunque significativo, deja abierta la pregunta sobre la eficacia de los mecanismos de control y la voluntad política para sancionar a quienes permitieron el fraude.
La designación de Fayad como embajador en Noruega contrasta con el escenario de cuestionamientos en su estado natal. Para algunos, su salida hacia el servicio exterior fue una estrategia para alejarlo de la presión local; para otros, representa un premio inmerecido frente a la crisis de credibilidad que dejó en Hidalgo. La reaparición del exgobernador, por tanto, no es neutra: revive heridas políticas y sociales que aún no cicatrizan.
La “Estafa Siniestra” no es solo un expediente judicial; es un símbolo de la fragilidad institucional y de la distancia entre la clase política y la ciudadanía. La reaparición de Omar Fayad obliga a recordar que la rendición de cuentas no puede ser selectiva ni parcial. Si bien las investigaciones no lo han implicado directamente, la responsabilidad política de un gobernador trasciende lo jurídico: se trata de haber permitido un entorno donde la corrupción prosperó.
El regreso de Fayad debería ser la oportunidad para que él mismo, desde su nueva posición diplomática, ofrezca explicaciones claras y asuma la parte de responsabilidad que le corresponde. Hidalgo necesita cerrar este capítulo con transparencia, no con evasivas. La memoria colectiva exige que quienes ocuparon el poder respondan, aunque ya no estén en el cargo.
En conclusión, la reaparición de Omar Fayad Meneses no puede desligarse de la “Estafa Siniestra”. Aunque jurídicamente no haya pruebas que lo incriminen, políticamente su figura sigue marcada por la deuda de rendición de cuentas. Hidalgo merece respuestas, y la sociedad no debería conformarse con silencios diplomáticos.